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RELATOS. Un trio bisexual gratificante
Posteado por: Miércoles, 30 de Abril de 2008 , Fecha: Aicha Bisexual


RELATOS. Un trio bisexual gratificante

Volvía muy tarde hacia mi hotel. Había estado bebiendo y vacilando en un bar, intentando ligar, con una una minifaldera de 19  o 20 años que me había puesto como una moto y a la que creí poderme llevar por unos 150 euros. Se la acabó llevando un chaval de su edad después de un morreo y una metida de mano que acabaron de ponerme a cien…

Ya me imaginaba en la cama de mi habitación del hotel, con una peli porno en la tele y sacando la leche que había ido acumulando hacía horas, a la salud de la cría y del mamón de su novio
 
Entré en el hotel, un gran hotel lujoso y teóricamente muy seguro. Mi habitación estaba en la novena planta, la penúltima. Supongo que por las copas de más, apreté el botón del 10º piso. Cuando me dirigía a mi habitación, reparé en la numeración y me di cuenta de mi error.  Vuelta al ascensor… pero antes de llegar encontré la escalera de servicio. Pensando que sería más rápido bajar una planta andando que esperar al ascensor, empecé a bajar por la escalera.


Cuando había bajado dos o tres escalones escuché unos gemidos algo más abajo. Escamado, fui descendiendo… dos chavales pegándose un lote de la hostia… ¿Serían los mismos que habían provocado mi calentón en el bar.?


Ella estaba casi tumbada en la escalera con la camiseta subida y los ojos cerrados. Sin sujetador. Él estaba amorrado a sus pechos mientras tenía la mano totalmente metida en la parte trasera de sus tejanos desabrochados, como tocándolo el culo o el coño por detrás…  El chaval tenía la polla sacada por la bragueta de los pantalones, con los huevos por fuera, y ella los tenía asidos en la mano, acariciándolos… La verdad es que era una imagen excitante y bonita… de pronto un tipo como yo, de casi 45 años puesto ahí en medio, no pegaba demasiado…  Sin embargo, me puso cada vez mas caliente el sonido de su excitación y la belleza de sus cuerpos. Los pechos de ella eran pequeños pero duros y rosados. La polla de él era larga con un gran manojo de pelo rubio en los huevos.

 
Bajé unos escalones más con sigilo… Mas cerca, me di cuenta de que no eran los del bar. Debían tener también unos 19 años, eran muy delgados, ella con el pelo rubio muy claro, cortito, esos pechos preciosos y una cara muy dulce con algunas pecas, casi un ángel.  Él se había girado de espaldas, y solo vi que era alto y espigado. Iban vestidos muy a estilo punk, con la ropa bastante destrozada, y le vi a él dos anillos en la oreja. Evidentemente no eran clientes del gran hotel, y me pregunté cómo podían haberse colado en un sitio con tanta seguridad.

 
Seguían besándose y tocándose aparatosamente, y a mi se me ponía cada vez más dura. Decidí dejarlos en paz que follaran tranquilos y marcharme a mi habitación a hacerme una paja a su salud.  Sin embargo, me entretuve un rato más mirándoles mientras me acariciaba sobre los pantalones.

 
De pronto, cuando estoy a punto de girarme, ella abre los ojos y suelta un grito agudo y corto. Él se levanta como puede, se la mete dentro de la bragueta y ella se baja la camiseta, quedándose sentada.  Cuando están a punto de salir corriendo hacia abajo, se oyen voces en las plantas inferiores, alertadas por el grito. Un par de vigilantes suben.  Ellos están aterrorizados, y yo –la verdad- un poco incómodo de mi voyerismo… 


Subían las voces por la escalera, y no se me ocurrió otra cosa que bajar hacia ellos, acercarme a la puerta que salía a la novena planta y hacerles señas de que me siguieran.  Así lo hicieron, con cara de susto.  La puerta de mi habitación estaba casi en frente de la escalera e servicio. Metí la tarjeta y se abrió, cosa rara, a la primera.  Entramos los tres y cerramos la puerta. Oímos como subían los pasos de los vigilantes por la escalera.


Estábamos totalmente a oscuras en el recibidor de mi habitación, ya que hay que me introducir la tarjeta en una ranura para activar las luces.  Solo se escuchaba el jadeo de los chicos. Olían a cuerpos jóvenes pero con bastantes días sin ducha… Cuero y fuerte olor de los zapatos de él.  A mi se me estaba pasando el susto, por la tontería de que los de seguridad me pillaran espiando a los chicos, pero ahora empecé a pensar que tampoco era lo mas razonable del mundo tener dos punkies acojonados a las cinco de la mañana en un hotel de lujo. Recordé que acababa de cobrar un proyecto, y en la caja fuerte del armario, tenía 36.000 euros…


Continuaban los jadeos hasta que ella susurró unas palabras a su chico en un idioma que no entendí.  Introduje la tarjeta, y se encendieron las luces de la habitación.


Estábamos en el recibidor. La puerta de entrada, a un lado la puerta del baño, y enfrente una pared de espejos con las puertas de los armarios. Al otro lado, la puerta abierta que da al dormitorio.


Decidí romper el hielo y caminé hacia la cama con ellos detrás. Me senté en la cama, y les pregunté qué hacían en el hotel.  Pregunta por otra parte absurda, pues ya me había ocupado yo de ver lo que hacían unos minutos antes
 

Ellos ni una palabra en español. Inglés? Nada.  Ruso solamente.  Pues si que lo tenemos bien, pensé.  Afortunadamente la abuela de ella era italiana y así pudimos ir entendiéndonos con bastante dificultad.


Ella se llama Nadia y él Jov.  Me contaron que se habían escapado de Kiev hacía una semana, y habían llegado aquí haciendo autostop. Un camionero alemán había intentado violarla, y al huir habían perdido dinero y documentación. No tenían nada de nada. Estaban muertos de hambre y se habían conseguido colar en el hotel, donde habían robado algo de comida del bufete de desayunos preparado para la mañana siguiente, y después estaban buscando un lugar donde esconderse cuando yo les encontré.


Jov iba asintiendo a todo lo que Nadia decía.  Parecía que la chica era la líder clara de la pareja.  Sonriendo les dije que cuando yo les pesqué no estaban precisamente buscando donde esconderse…   Él se puso rojo hasta las raíces, ella me miró sonriendo a los ojos y me soltó que algo de lo que vi me debió gustar, si les había invitado a mi habitación.

 

-       Mujer, precisamente invitado no es la palabra.  Más bien os he escondido para que no os pillen los guardias.

-       Sí, sí… y para que no se dieran cuenta de lo abultada que tenías la entrepierna… Seguro que mucho asco no te daba lo que hacíamos…

 

Mientras decía esto, con su carita de no haber roto un plato en su vida, mi miró descardamente a la bragueta, y sonrió a su chico. Jov ya no estaba rojo, estaba granate y se hubiera metido debajo de la cama. Nadia, muy suavemente, como un gatito,  bajo una mano y empezó a acariciar la polla de Jov por encima del pantalón… él se apartó de un brinco, pero ella le dijo algo en ruso y el se quedó quieto, mientras ella iba acariciando su cada vez más abultada entrepierna.

 

-       Me parece que tu y yo nos vamos a entender, sonreí yo mientras me volvía a sentar en la cama para disimular mi erección.

-       Estamos aquí solos. Tú tal vez puedas ayudarnos con algo de dinero que nos iría fantástico. Nuestros cuerpos te gustan, eso lo acabo de comprobar, a mi me hace falta tu dinero, y además me gusta el sexo. ¿Hay trato?

 

En ese momento reparé en el percing que tenía en la lengua y en la transformación que podía hacer su cara entre ángel ingenuo y viciosa sin escrúpulos en cuestión de segundos.

 

A Jov se le veía resignado a marcharse y dejarme con ella. Ella casi deseosa de hacer lo que sea para conseguir algo de dinero, ducharse y largarse, y yo, cada vez me estaba poniendo más caliente, o sea que la cosa se estaba poniendo interesante
 

Me sorprendía mucho lo actitud de Nadia. En contraste a Jov, parecía casi ansiosa por empezar una sesión de sexo.  Es importante que pienses en el aspecto angelical de la chica: rubita casi plata, pelo corto, pecho pequeño y turgente, alta, espigada, mirada inocente, ojos azules… por eso me pareció increíble cuando, sin  haber pactado nada sobre el dinero ni las condiciones del asunto, empezó a desabrochar los pantalones del azorado Jov, y se los bajó hasta las rodillas. Luego le deslizó el calzoncillo hasta debajo de los huevos. La verdad es que la polla del chaval estaba absolutamente flácida, pero aún así no bajaba de los 18 cmts…   Nadia se arrodilla frente a la cama en la que yo estaba sentado, y se apoya el glande de Jov sobre una mejilla.

 

-       ¿Qué? ¿Hay trato o no? Mira, esto es muy claro: si me das cien euros, yo hago lo que quieras con mi novio y después te hago una paja. –Se metió la polla en la boca un momento, mirándome fijamente, y sacándola continuó:- Por doscientos, tú también me puedes follar, o correrte en mi boca.  Por quinientos, absolutamente todo, incluídas las peores perversiones que se te ocurran.

-       Nadia –conteste mientras mi erección empezaba a ser insoportable-, yo no he cruzado nunca el límite de las cosas muy perversas, y no creo que tú lo sepas hacer, con esa cara de angelito.

 

Jov no sabía a donde mirar, su polla se iba endureciendo muy lentamente y adquiriendo unas proporciones bestiales.

Nadia me miró fijamente y con un gesto rápido, le bajó totalmente el calzoncillo a Jov y lo inclinó sobre la cama. El chaval se quedó en esa posición junto a mi, con el culo expuesto y su enorme polla sobresaliendo por debajo entre las piernas.

 

-       Llevamos cinco días sin lavarnos, pero su culito sigue siendo una delicia, no crees? Mmm! – Dijo abriendo con una mano las nalgas del chaval y acariciando el ano con un dedo de la otra mano…

-       Nadia, no seas guarra, este chaval se ha de lavar antes –Realmente, en el culo se intuía algún trozo de papel y restos incrustados de no se qué…

-       Tu no sabes apreciar los buenos sabores… ¿Vamos a por los 500 euros?

 

Nadia, ante mi asombro, se metió en la boca el dedo anular con el que había estado jugando en el ano de Jov y lo chupó completamente. Inmediatamente se lo metió por el culo hasta el final… Jov estaba muy quieto con la cabeza sobre las sábanas.  La chica removió profusamente el dedo dentro del ano de su novio mientras me miraba sonriente. Cuando lo sacó, estaba manchado y el olor era más fuerte, aunque no tan desagradable como yo hubiera imaginado.  Acercó el dedo sucio hacia mi cara, y sorprendentemente, no hice ningún amago de apartarme…

 

-       Ves como no es tan terrible?

 

Y, dejándome patidifuso, lo pasó frente a mi nariz y se lo metió en la boca, relamiéndolo con placer.

 

Yo no sabía que hacer, entre la excitación y el asco por lo que acaba de presenciar. De pronto Nadia se acercó a mi y empezó a desabrocharme el pantalón.  Me daba mucho corte la situación, pero al ver su lengua con la bolita metálica relamiendo los labios, la excitación superó todo. Me levante, y yo mismo me saqué los zapatos, calcetines, pantalones y los calzoncillos. Cuando estaba con la pierna levantada sacándome un calcetín noté que entre mis piernas, por detrás del escroto la boquita de Nadie me iba dando unos besitos embriagadores. No se cómo fue, pero de pronto yo estaba de pié mirando hacia la ventana, y Nadia detrás de mí, obligándome a agacharme un poco y metiendo su carita entre mis nalgas.   Jov me miraba con cara inexpresiva, girado de espaldas sobre la cama y con una enorme erección.

 

No sé que extraño instinto se puso en marcha, yo nunca he hecho sexo con hombres, ni tenía intención de hacerlo, pero de pronto, me deje caer de rodillas sobre la moqueta, dejando mi culo a disposición de la voraz Nadia, cuya lengua estaba repasando los más recónditos espacios. Al mismo tiempo giré las piernas de Jov horizontalmente sobre la cama, y me metí toda su enorme polla en la boca.

 

Me enloquecía una situación tan extravagante. La lengua de Nadia era una serpiente de placer en mis entrañas y su mano, tenía agarrado mi sexo y lo masajeaba con dulzura. Estaba a punto de correrme, cuando Nadia subió sobre la cama, y sacándome la polla de su novio de la boca, dijo

 

-       Eh! Que esto es mío! Si quieres me has de pedir permiso… Serán 50 euros más…

 

Yo la miraba embobado mientras ella subía y bajaba la piel sobre la polla de Jov.  Si previo aviso, la polla del muchacho empezó a soltar chorros y chorros de leche.  ¡El primero manchó el techo de la habitación! ¡Lo juro! Nadia abrió la boca y los cinco siguientes fueron a parar a su lengua… cuando enfocó la polla a mi cara, ya sólo salió un chorrito que ella alcanzó en el aire con mano diestra y, suavemente, me lo acercó a los labios…

 

Me sonreía con su boquita abierta y llena de semen. De pronto acepté encantado y lamí de sus dedos la leche del muchacho… Ella río y se acercó a mi besándome en la boca y llenándomela de semen, con una explosión de sabor amargo y cálido que me sorprendió.

 

Jov se había quedado rendido sobre la cama. Ella le dijo algo y obedientemente se arrodilló frente a la cama y se puso a lamerme los testículos.

 

Ella seguía morreándome, con los labios y la barbilla pegajosas de leche. Lentamente fue deslizándose hasta colocarse sobre mi y meterse mi polla en su coño. Yo no podía más, estaba a punto de correrme, cuando ella se levanta, agarra la cabeza de Jov que había continuado lamiendo mis huevos y hace que me chupe a fondo la polla…

 

Inmediatamente  se acerca de espaldas, y ayudada por su novio empieza a meterse mi polla en el culo, apretado y voraz.

 

Ahí ya no pude mas y empecé a bombear leche en su culo hasta la extenuación. Por sus gritos, creo que ella también se corrió.

 

Sentada de espaldas a mi, con mi polla aún en su culo, le dije que era momento de ir al baño a lavarnos…

 

-       ¿Estás loco? Jov me mataría, ahora tengo lo mejor para él.

 

Yo sólo veía la espalda de Nadia ensartada en mi polla, y la verdad es que me asusté al pensar en qué nueva perversión podría maquinar. Dijo algo en ruso a su chico, que cesó de lamerme los huevos y supongo que el culo de su novia, y fue al baño a buscar una toalla… La extendió en la moqueta y se tumbo con la cabeza en ella mirando hacia arriba. Con mucha precaución, Nadia se fue sacando mi polla del coño, presionando los labios para que no se derramara nada.

 

-       Llevo tres días sin cagar… -Me sóltó, mirándome a los ojos con una sonrisita como de colegiala que no ha hecho los deberes…

 

Yo me quedé helado. Jov tenía en la cara una expresión de excitación como no le había visto. Su miembro volvía a lucir una erección gigantesca. En lugar de la normal repugnancia que lo que se intuía que iba a pasar me debía producir, una excitación enfermiza se volvió a apoderar de mi, y comencé a sentir los efectos de una nueva erección… ¡Esa niña era el diablo!

 

Nadia, suavemente, con la elegancia de una bailarina de clásico, se colocó sobre su cara, una pierna a cada lado, en cuclillas.  Jov abría la boca todo lo que le permitían sus mandíbulas…

 

Empezó por orinar suavemente, aunque por la posición le caía sobre el pecho y resbalaba a la toalla.  De pronto, una leve ventosidad, y un chorro grande y espeso de semen blancuzco y caliente llenó la boca del muchacho

 

-       Bebe! Le gusta!! Le gusta el aperitivo, pero desea mucho el plato principal… - Decía Nadia mientras ponía carita de apretar como si estuviera sentada en el wc del colegio…

 

De pronto, otro sonido agudo, y empezó a salir de su ano un trozo largo, uniforme y oscuro que quedó dentro de la boca de Jov y que él empezó a masticar y tragar con voracidad. Cuando casi lo estaba acabando, otro más blando pero mucho mas cuantioso le llenó la boca completamente.  El chico esbozó alguna arcada pero siguió comiendo con entusiasmo sin permitir que nada cayera fuera. El final fue una explosión casi líquida que le volvió a llenar la boca, salpicándole toda la cara. El chico empezó a jadear y sin tocársela de ninguna manera, su polla empezó a escupir otra vez una cascada de leche.

 

Nadia, cansada, se derrumbó sobre la sucia cara de Jov, restregando sus nalgas por sus mejillas. Yo me lancé hacia el pene del muchacho para recoger en la boca su néctar, que me pareció más caliente y salado que la otra vez.  Con la boca llena de esperma, me acerqué a la niña, a la que me uní en un beso cálido y pegajoso, mientras su novio balbuceaba de placer bajo las nalgas de Nadia sentada sobre su boca, y con una expresión indefinible en la cara.

 

-       ¿Qué edad tienes, Nadia? –Fue lo que se me ocurrió preguntarle en ese momento…

 

Nadia me miró con su expresión más infantil, y me contestó

 

-       ¿Qué hora es, Nacho?

 

Miré el reloj, marcaba las seis y cuarto de la mañana. Nadia estaba sentada sobre el rostro empapado de su novio, con los labios y el pelo pegajosos de su leche y una mirada de “pero, si no pasa nada… no he roto nada”

 

Tras las cortinas, se intuía la luz del amanecer, y la habitación tenía un olor indescriptible, pero no directamente asqueroso.  Nadia olía bien, y lo que su cuerpo creaba, también… yo pensaba esas cosas alucinado por la experiencia. Mi boca también pegajosa de semen, mi polla nuevamente erecta, y la toalla sucísima en el suelo…  Pensé en cómo ocultarla al servicio de habitaciones…

 

-       ¿Qué edad tienes, Nadia? –Volví a preguntar.  Ella me tomó la muñeca y consultó la hora…

-       ¿A qué hora tienes que trabajar?

-       A las cuatro de la tarde…

-       ¡Bien!  -Sonrió alegremente y meneó con gracia el trasero sobre el rostro de su novio- Aún tenemos casi diez horas por delante…  ¿Te he contado lo que puedo hacer por 750 euros, Nacho?

-       ¿Qué edad tienes, Nadia? –Volví a preguntar.

-       Cumplo 20 el mes que viene, y él cumplió 18 hace dos meses……  ¿De verdad que no quieres que te diga lo que puedo hacer por 750 euros?

 

Noté que Jov se removía bajo su novia… no se si inquieto, asustado o excitado, aunque su polla volvía a ser un mástil entusiasta.

 

-       ¿Quieres? – Insistió Nadia

-       ¿Cómo sabes que me llamo Nacho? – Pregunté sorprendido…

 

 

La sensación de irrealidad era absoluta.

 

Yo, un tipo bastante por encima de los cincuenta, estaba de rodillas en la moqueta de mi hotel, con la boca llena de la leche de un chaval de 18 años, morreándome con su novia de 20, que restregaba su culo encima de la cara y la boca de su novio, sobre el que se acababa de cagar.

 

Nunca había estado en una situación similar, ni siquiera había visto una peli porno parecida en toda mi vida. Jamás se la había chupado a un hombre, y aún menos, nunca se me habían corrido en la boca… ¿Qué me estaba pasando?

 

De repente, Nadia se separó de mi boca, y casi ofendida me dijo “Pero… tú no piensas correrte…”

 

Yo me acababa de correr en su culo, aunque me semen estuviera ahora en el estómago de Jov… Iba a contestarle que ya me había corrido, cuando ella me hizo levantar, y siempre sentada sobre la cara de Jov se metió mi polla flácida en la boca… Estaba excitadísimo, pero hace ya años, después de un orgasmo, no me es fácil recuperar la erección hasta unas horas más tarde…

 

Yo estaba, la verdad, un poco avergonzado por mi falta de reacción sexual, comparada con los dos chavales… Mirando hacia abajo, el plano era tremendo: mi barriga, mi negro pelo púbico que se fundía con el pelo rubio y cortísimo de Nadia que se afanaba lamiendo y chupeteando mi pene con mucho entusiasmo y ruido, mientras me acariciba los huevos con una mano y el ano con la otra. Mas abajo se intuían sus tetas pequeñas y deliciosas, su espalda y sus nalgas, marrones de suciedad hasta la cintura sobre la cara y el pelo lleno de mierda de Jov, en un charco indefinible empapando la toalla…

 

Empecé a imaginar que toda esa suciedad llegaría a la moqueta y en qué dirían las camareras del servicio de habitaciones… La situación me superaba. Empezaba a estar incómodo, y con algo de asco ante toda la mierda de Nadia que empapaba el pelo la cara la toalla, todo…

 

Ella lamía y lamía sin conseguir resultados, yo preocupado por mi falta de reacción, aún hacía mas imposible la erección…

 

De repente ella apartó su carita angelical y me miró diciendo

 

-       No voy a conseguir nada, ¿eh?  Prefieres que te lo haga él, ¿verdad? – Y le hizo levantar, tomándole por el pelo con la mano, que exprimió la variedad de líquidos que empapaban su cabello sobre la toalla… Su cara era indescriptible: trozos de mierda adheridos bajo uno de los ojos, la boca y los labios totalmente marrones, y un reguero de semen, de mi semen, de sus patillas a la boca.

 

Cuando vi que Nadia intentaba emplastar esa boca sobre mi polla, me aparté de un brinco. Ella rió encantada:

 

-       Ya veo… eres un cortado. ¡No aguantas nada, abuelito!

 

Yo iba a responder, cuando pensé en todo lo que acaba de hacer, y me quedé callado y confuso… ella mi miró y dijo de pronto:

 

-       Te hemos mentido. Jov no es mi novio: es mi hermano, pero desde hace años hacemos este tipo de cosas, y él siempre ha deseado ser mi esclavo.  Cuando teníamos 14 años yo y él 12, Jov empezó a espiarme cuando iba al baño, a robarme bragas y a matarse a pajas a mi salud… a mi todo eso me daba un morbo bestial cuando lo descubrí. Le humillé por lo que hacía y noté que eso me daba gusto, ¿quieres saber nuestra historia?

 

Yo asentí, por ganas de cambiar de juego, y por auténtica curiosidad.  ¡Una relación sado masoquista con 12 y 14 años! Me parecía increíble, aunque si ya me había mentido una vez, esto podía ser otra mentira... De cualquier forma, me dispuse a escuchar su narración.

 

Dijo algo en ruso, y Jov la miró con devoción, recogió la toalla (milagrosamente no había casi nada debajo…) y se fue al cuarto de baño. Yo me senté en una butaca junto a la mesa baja en la que servían el desayuno, y Nadia fue un momento al baño, oí como mojaba una toalla limpia bajo el grifo, y frente a mi empezó a limpiarse las nalgas y el culo. Cuando empezó a oírse el sonido de la ducha de Jov, empezó su relato:

 

Relato de Nadia y Jov

Vivíamos en Kiev. Mis padres trabajaban los dos en un teatro, él era tramoyista y ella peluquera. Nuestros horarios eran muy distintos. Nosotros íbamos al colegio de siete y media de la mañana a cuatro de la tarde, y ellos entraban en el teatro desde las seis de la tarde hasta cerca de las dos de la madrugada.  Ya ves que casi no nos veíamos. Cuando llegábamos del colegio, la cena estaba preparada. Hacíamos los deberes, limpiábamos lo que nos tocara de la casa, veíamos un rato la tele, y a la cama, bastante antes que volvieran nuestros padres.  Yo era la mayor, y me ocupaba de que Jov estuviera bien e hiciera sus deberes.

Yo no era normal, y lo sabía.  En el colegio había tenido relaciones con varios chicos: había follado, había chupado, me habían enculado… todo. Pero lo que mas placer me producía era follarme los chicos que les gustaban a mis amigas. Además creo que, al no tener clara aún mi sexualidad dominante, era una auténtica hija de puta y me gustaba torturar y acosar demasiado a mis compañeras más débiles.

Recuerdo a Ilena, una niña de quince años que estaba colgadísima de Iván, un chico alto y guapo de casi 17, lider del equipo de balonmano. Yo tenía entonces13. Me dedicaba sistemáticamente a putear a Ilena: le robaba el bocadillo, le obligaba a hacerme tareas si no quería que la pegara, la ridiculizaba en público por su ropa o su cuerpo… La verdad es que era una cría muy vulgarcita, bajita, delgadísima, pelirroja, pero tenía amigas y ellas a veces la defendían.

Un día la encontré llorando en un banco conversando con una amiga mía. Más tarde me dijo ella que Iván, del que estaba colgadísima Ilena hacia tiempo, ayer la había besado, y la había estado magreando un buen rato en los vestidores del campo. Por lo visto, cuando acercó la mano de Ilena a su bragueta e intentó que ella le tocara la polla, lo empezó a hacer, pero se asustó y se separó. Él se marchó enfadado, llamándola calientapollas…  Pero la chica estaba enamoradísima de él y había decidido hacer lo que hiciera falta para no perderlo. Habían quedado en el vestuario a las dos esa misma tarde. Ilena iría dispuesta todo.


Una amiga mía, que disfrutaba martirizando bajo mis órdenes a otras chicas, se ocuparía de entretener a Ilena un cuarto de hora.  Yo estaba en el vestuario a las dos menos cinco esperando la llegada del semental de la burra de Ilena. Cuando él apareció, dispuesto a pegarse otro revolcón, me encontró a mi que sólo verle, lancé la mano a su bragueta, algo que ya sabía que le iba a encantar. Sonrió, mientras yo acariciaba su entrepierna, que poco a poco se fue haciendo abultando enormemente. Ahí empecé a bajar la cremallera de su pantalón. La polla salió como un cohete, era preciosa y tardé dos segundos en tenerla metida en la garganta hasta la campanilla.  Los huevos, enormes y cubiertos de un pelo rubio suave y perfumado, colgaban fuera de la bragueta, y no me resistí a metérmelos también en la boca. Eran deliciosos.


El pasillo en el que estábamos era bastante oscuro, pero había una franja de luz sobre una especie de mesilla. Sacándome la polla de la boca, le estampé un beso húmedo en los labios y me recliné sobre la mesilla iluminada, ofreciéndole mi coño y mi culo. Eligió el culo, y después de lubricarlo con su lengua, fue metiendo la polla lento, lento…  Iván y mi culo dilatado estaban en la penumbra, mientras que mi cara estaba iluminada sobre la mesilla.

 
Por el fondo del pasillo llegaba Ilena acalorada porque no le habían permitido ser puntual a su primera cita de amor.  Cuando se acercó mas y vio mi cara sobre la mesilla, se frenó en seco. En ese momento mi amiga, que había entrado después de Ilena, encendió la luz del pasillo.
 

También justo en ese momento se escucharon los jadeos del orgasmo de Iván descargándose en mi culo, y yo tuve uno de mis mejores orgasmos notando el calor de su semen desparramándose dentro de mi cuerpo y observando la cara de sorpresa de Ilena… Depravada, la miré fijamente y le ofrecí:


-       Ilenita, guapa, ¿Quieres rebañar con tu lengua la leche de tu novio que está chorreando mi ano?  La mezcla de sabores te gustará, puta.


Él que también era un cabrón, se sacó la polla de mi culo con un “blub” y goteando leche se acercó a ella:



-       Una buena mamadita con sabor a culo de Nadia?  ¡Ja, ja!  Ven y come, cerdita!

 

Ilena, estaba tan horrorizada al ver rotas sus primeras ilusiones, que no podía ni moverse. “Déjala, es una giripollas”, dije yo mientras situaba mi culo dilatado y chorreando cerca de Ilena, al arrodillarme ante el muchacho y empezar a mamársela… En menos de un minuto, cuando él empezaba a llenarme la boca de esperma caliente y triunfador, la imbécil de Ilena salió corriendo y llorando, tropezando con todo.

 
Se que intentó suicidarse unos días después, y ya no volvió al colegio.  Me había pasado, y uno días me sentí culpable, pero la vida es dura, y la tonta de Ilena debería tener más sentido del humor.
 

¿Por qué te cuento esto?  Ah, sí… yo no era normal, ya te decía. Con tan pocos años, me excitaba mucho la dominación.  Y claro, cuando pillé a a mi hermanito en falta, empezó un asunto duro, pero muy gratificante para los dos…

 

(continuará)

 

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